¿Cómo se aprovisionaba una ciudad de antiguo régimen de los mantenimientos básicos para sustentar a su población? A priori responder a esta pregunta parece sencillo: los vendedores iban al mercado y allí les compraban los productos los consumidores. Sin embargo, la realidad no fue tan sencilla en la mayoría de los casos. Durante la Edad Media y la Edad Moderna las ciudades europeas desarrollaron unas políticas de aprovisionamiento urbano fundamentadas en la intervención en el mercado de productos básicos, como el pan, carne, vino, pescado, nieve, el carbón o las velas, etc. Lejos de poderse vender libremente, el mercado de estos productos estaba vigilado por instituciones específicas (como la alhóndiga en el caso del trigo), inspectores de calidad (como el almotacén) y limitado, en multitud de ocasiones, a la existencia de un monopolio de venta municipal. Sin embargo, este complejo entramado ha pasado en cierta manera desapercibido por la historiografía, pese a la inigualable importancia que llegó a tener. Por ello, en esta charla nos centraremos en comparar nuestro caso de estudio, Valencia, con la ciudad de París, atendiendo a como dos grandes (pero diversas) ciudades del momento regularon su fundamental mercado de abastos.
Conferencia de Andrés Borrás Benavente, residente, doctorando en Historia moderna, Universitat de València.