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Las charlas del Comité

Las charlas del Comité

Imaginemos que el idioma no solo cambia por reglas gramaticales o contacto con otras lenguas, sino también por lo que sentimos al usarlo. ¿Y si el orgullo, la vergüenza, el agrado o el rechazo que sentimos hacia nuestro acento o nuestra manera de hablar influyen directamente en si conservamos ciertas formas antiguas o las reemplazamos por otras más “modernas” o “prestigiosas”? En Tucumán, uno de los cambios más visibles en el habla cotidiana es la forma en que usamos los tiempos verbales para contar acciones pasadas: a veces preferimos el perfecto simple (“comí ayer”), otras el perfecto compuesto (“he comido ayer”). ¿Por qué algunos jóvenes eligen una u otra? ¿Tiene que ver con lo que piensan racionalmente de su variedad lingüística, con lo que sienten emocionalmente al hablarla, o con lo que están dispuestos a hacer cuando hablan con gente de fuera? ¿Es em contacto con el quechua un factor en el cambio? En este estudio con jóvenes tucumanos exploramos precisamente esas tres capas de las actitudes: lo que creen, lo que sienten y lo que hacen. Los resultados preliminares sugieren que hay una tensión interesante entre ellas… y que esa tensión podría estar jugando un papel clave en por qué ciertas formas verbales se mantienen vivas o empiezan a retroceder en la provincia. ¿Será que los sentimientos hacia nuestro propio hablar son más poderosos de lo que pensamos a la hora de decidir cómo evoluciona el idioma?

Conferencia de Zoe Selis, residente, doctoranda, Estudios Hispánicos. Lengua, Literatura, Historia y Pensamiento, Universidad Autónoma de Madrid.